
Krystian Zimerman procede de una familia con una rica tradición musical. Todos los días se reunían en su casa varios músicos que ejecutaban obras diferentes, en especial, música de cámara. Estas interpretaciones permitieron al Sr. Zimerman disfrutar de un contacto muy íntimo, natural y cotidiano con la música en directo y le animaron en gran medida a desarrollar su carrera musical. Dio sus primeros pasos en el mundo de la música bajo la supervisión de su padre y, a la edad de siete años, comenzó a estudiar con Andrzej Jasinski, profesor titular del conservatorio de música de Katowice, Polonia. Este período de aprendizaje finalizó con la graduación del Sr. Zimerman, catorce años después, en dicho conservatorio. Al Sr. Zimerman no le agradaban los concursos, pero siguió la ruta habitual del desarrollo musical para los pianistas, que le llevó a obtener los premios más importantes en diversas competiciones dedicadas a la música rusa y polaca y a las obras de determinados compositores (Prokofiev y Beethoven). Posteriormente recibió el “Gran Prix” en el Concurso Internacional Chopin de 1975, lo que le allanó el camino para actuar en salas de conciertos de todo el mundo.
Los veintinueve años de actividad artística del Sr. Zimerman se han visto caracterizados por encuentros periódicos con su público, que espera fervientemente cada concierto. Independientemente de que sus giras de conciertos le lleven a centros musicales de Europa, Asia o América, siempre reconoce caras que le son familiares. Durante las últimas doce temporadas, desde el momento en que decidió desplazarse con su propio piano de cola, ha conseguido acostumbrar tanto a su audiencia como a los organizadores de los conciertos a este bagaje poco habitual y aparentemente inconveniente. El Sr. Zimerman ha aplicado diversas innovaciones técnicas que él mismo ha desarrollado y que han posibilitado, tanto a él como a otros músicos, el transporte de sus instrumentos en las giras. La confianza que le otorga su propio instrumento con el que, por supuesto, está profundamente familiarizado y su experiencia en la fabricación de pianos –adquirida primeramente en Katowice y desarrollada mediante una cooperación permanente con la Compañía Steinway de Hamburgo- le permiten eliminar o reducir a un mínimo absoluto todos los elementos que podrían distraerle de los temas puramente musicales.
El conocimiento relativamente precoz de los principales desarrollos de la música europea –alemanes, rusos, franceses y otros- impidió que se convirtiera en un “especialista en Chopin”. Por el contrario, le imbuyó la ambición, que había ido desarrollando durante los últimos diez años, de interpretar la música en el lugar y en la cultura en los que se había originado: obras francesas en París; Beethoven, Mozart y Schubert en Viena; Brahms en Hamburgo; música americana interpretada en Nueva York y, en un caso destacable, dirigida por el propio compositor – Leonard Bernstein. “Si fuera actor” argumenta, “también me fijaría el objetivo de interpretar Shakespeare en Londres y Chejov en Rusia”.
La dedicatoria de Witold Lutoslawski de su Concierto de Piano a Krystian Zimerman inspiró al pianista un tratamiento similar de dicha obra: era evidente que debía interpretarse en Varsovia durante el Festival de Otoño de Música Contemporánea de Varsovia, con el compositor como director. Durante cada uno de sus recitales en Nueva York, se ha preocupado por incluir una composición polaca en el programa o como bis. Durante varias temporadas consecutivas, ha interpretado las obras de Karol Szymanowski en centros musicales importantes de los tres continentes. Su mayor fortuna, según afirma, radica en sus encuentros con músicos preeminentes –intérpretes de música de cámara y directores. Ha actuado en diversas ocasiones con Kaja Danczowska, Kyung-Wha Chung, Giden Kremer y, aproximadamente, con otras cuarenta celebridades del mundo musical.
El piano no es la única pasión del Sr. Zimerman: siempre ha sido un intérprete de órgano excepcional. Esto también le ha permitido captar y elaborar la forma musical en su dimensión horizontal. Asimismo, ha enriquecido sus conocimientos sobre la dirección gracias a colaboraciones con los directores más ilustres de su época: Leonard Bernstein, Herbert von Karajan, Seiji Ozawe, Ricardo Muti, Lorin Maazel, André Previn, Pierre Boulez, Zubin Mehta, Bernard Haitink, Stanislaw Skrowczewski, Sir Simon Rattle y muchos otros. En algunos casos (con Bernstein, Boulez, Karajan, Kondrashin y Ozawa), la cooperación ha sido especialmente estrecha y se ha visto respaldada por una gran amistad. El Sr. Zimerman y Leonard Bernstein colaboraron durante trece años: el Sr. Zimerman ha sido el último –y, durante algún tiempo, también el único- pianista que ha actuado bajo la dirección de Bernstein, tanto durante sesiones de grabación como en conciertos en muchos países europeos y en los Estados Unidos. El trabajo frecuente e íntimo con una personalidad musical excepcional, un maestro del sonido orquestal, ha constituido para él una experiencia formativa muy importante. Lo mismo podría afirmarse acerca de sus contactos, cercanos y duraderos, con Herbert von Karajan. El Sr. Zimerman también aprovechó la oportunidad de conocer y descubrir de forma más íntima a la antigua generación de maestros: Claudio Arrau, Arturo Benedetti Micheangeli, Arthur Rubinstein y Sviatoslav Richter – todos ellos ejercieron una poderosa influencia sobre su desarrollo musical.
Durante su colaboración, que se ha prolongado más de veinticinco años, con Deutsche Grammophon, el Sr. Zimerman ha realizado un par de docenas de grabaciones, por las que ha recibido, con frecuencia, los galardones más prestigiosos del mundo de la música. Su CD más reciente para DG, editado internacionalmente en enero de 2004 y aclamado por la crítica especializada, es la grabación de los Conciertos de Rachmaninov con la Sinfónica de Boston y Seiji Ozawa. El álbum recibió el “Premio de la Academia a la Mejor Grabación” de Japón así como el premio 2005 al Mejor Álbum Orquestal de los “Premios Clásicos Midern”. Además de los premios a sus grabaciones, el Sr. Zimerman ha recibido recientemente la “Ordre National de la Légion d´honneur”, el reconocimiento civil más importante otorgado por el gobierno de Francia.
El Sr. Zimerman vive con su esposa y sus dos hijos en Suiza, donde pasa la mayor parte del tiempo dedicándose a la familia, los conciertos, las interpretaciones de música de cámara (la más reciente con Giden Kremer) y, en los últimos años, como profesor en la Academia de Música de Basle. Durante los últimos meses, cuando no se hallaba de gira ni construyendo pianos, ha llevado a cabo ediciones de piano de las obras de Wladislav Spielman para Boosey y Hawkes y ha escrito un artículo sobre estética que fue publicado en Polonia en marzo.
El 14 de marzo de 2005, Krystian Zimerman recibió el título de Doctor Honoris Causa en Arte. Este prestigioso reconocimiento fue otorgado por la Academia más antigua de Silesia (Polonia), la Academia de Música de Katowice. Ésta fue la segunda ocasión en la que se concedió este título en los setenta y cinco años transcurridos desde que se fundó la institución. La ceremonia se celebró en el Aula de la Academia en presencia de treinta y dos rectores procedentes de la mayoría de las universidades de Polonia y del extranjero, entre los que se incluían tres de EE.UU., y miembros del gobierno de Polonia. El acontecimiento fue retransmitido por televisión y, a su término, Krystian Zimerman pronunció un discurso de cuarenta minutos –una tesis sobre el cambio en la estética en el arte y, en especial, en los últimos ciento veinte años de música- titulado “The underware of Mona Lisa”.